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El final de todos los agostos

A finales de septiembre Editorial Planeta lanzó, a través de su sello Lunwerg, la novela gráfica El final de todos los agostos. Obra de Alfonso Casas, autor de “Marica tú“, publicado bajo el mismo sello.

Un viaje personal al pasado

Es fácil que “El final de todos los agostos” nos evoque a épocas pasadas. A esos veranos entre cursos que, quién más y quién menos, hemos pasado en algún pueblo alejados de nuestro mundo habitual. Esos peregrinajes al pueblo de siempre que duraban días o semanas y en cuyas calles se encontraba una parte de nosotros mismos. Y de eso va precisamente esta obra: De encontrarse a si mismo.

Dani está a punto de casarse con Ale, su pareja. Pero antes inicia en solitario un viaje a su antiguo pueblo de verano para realizar un proyecto fotográfico para su próxima exposición. Quiere volver a fotografiar los mismos lugares, desde los mismos ángulos, que fotografió un verano tras otro hasta su última visita al pueblo hace 20 años. En el fondo, tanto para Dani como para la misma historia, el objetivo de la exposición es sólo una excusa para permitirnos viajar en el tiempo figuradamente.

Al hojear las páginas, por un momento temí que la obra fuera la enésima oda a los ochenta y que en ella escudara todo su encanto. Afortunadamente, nada más lejos de la realidad. Todas las gameboys, Cobis, Curros, Son Gokus y otros elementos de la época aparecen como recordatorios de una época que ya pasó y se apartan para no copar el protagonismo a la historia. Una historia a la que no le hacen falta adornos para funcionar por si misma.

Comunicando con el color

Los paseos mentales de Dani, repartidos entre el presente y el pasado, están maravillosamente separados con el uso del color. Al contrario de lo habitual, escala de grises para el presente, y todo color para sus intensos recuerdos.

El uso del color y las tonalidades escogidas en cada escena os transportarán en más de una ocasión a vuestros propios recuerdos de verano. Ya sea a ese calor intenso de las 2 de la tarde, a los paseos con amigos o familia en el ocaso del día o al ambiente y la alegría de las fiestas del pueblo.

Y si el color comunica, la edición también lo hace y no podría ser más acertada. Con un papel que encaja con el estilo de color orgánico tipo acuarela del autor, una sobrecubierta transparente que da pie a unas figuras translúcidas que parecen un recuerdo… Y otras decisiones en la edición que prefiero no desvelar para que os sorprendan si decidís darle una oportunidad a la obra.

En conclusión

Una obra bien narrada, con un gran estilo de dibujo y color y que se lee del tirón. La historia de un viaje personal al pasado en la que el protagonista busca una parte de si mismo para estar seguro de quién es antes de iniciar el principio del resto de su vida.

 

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