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Recomendado de navidad: Diario de una vida de mierda

En una época en la que triunfa el buenrollismo exacerbarte de Mr.Wonderful, la necesidad casi enfermiza de ser positivo, la autoayuda de baratillo y las frases motivadores cutres de Paulo Coelho, por fin llega alguien y nos dice la verdad: la vida, aunque le cojas cariño, es una mierda pinchada en un palo. Pero al menos te puedes reír. Porque eso sigue siendo gratis, ¿no?

La vida es gris y dura, pero más gris y dura es la piel del elefante

Sara Jotabé compone con trazo ágil una ácida caricatura de cómo el derrumbe de la economía ha llenado de trabas el camino de los jóvenes, que necesitan carrera y máster para conseguir tener una posibilidad de optar a un puesto en una hamburguesería, en contraposición a las generaciones anteriores, que con la misma edad ya tenían casa propia y familia.

En un tono cercano que hace sospechar que la autobiografía está impregnando cada página seguimos la historia de Sara en su búsqueda de empleo, de independencia y de pareja, mientras se frustra con sus conocidos, el gimnasio y la dieta. Cuando crees que la vida no puede ir a peor, agárrate que vienen curvas, pero al menos intenta sacarle el chiste, porque mal de muchos, ya se sabe, consuelo de tontos.

El dibujo desenfadado, aparentemente desdibujado, esconde muchas más nociones de anatomía y composición de página de las que podría parecer a simple vista. El lector nobel, o casual, verás estampadas imágenes simpáticas y expresivas a rabiar, adecuadas para todo tipo de público. El lector más veterano, aquel que tiene más experiencia en el medio y conoce un poco sus claves, verá que hay mucha dedicación para caricaturizar y simplificar tal o cual pose, y no hay línea dejada al azar. Además, el único tono de color presente (el azul) sirve para poner el acento en la protagonista, así como para guiar el ojo a lo largo del orden de lectura, una jugada realmente inteligente.

Estas características maleables y polivalentes hacen que Diario de una vida de mierda sea el regalo perfecto de la Navidad. Quien no sea un consumidor habitual de cómics podrá disfrutarlo de lo lindo, incluso iniciarse en el mundillo, y ver que no todo son colecciones farragosamente largas ni tomos espesos, sesudos y rimbombantes cargados de ínfulas. El lector avezado disfrutará con un producto fresco, original, tan cotidiano que parece de ficción, y que encima lucirá precioso en la estantería, pues la edición en tapa dura imitando un diario real (¡hasta con marcapáginas de tela!) es una maravilla, y esto, queridos amigos, es muy importante para un coleccionista, todos los sabemos.

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